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Ideas del libro El engaño Populista / Axel Kaiser y Gloria Alvarez

Autor: 
Francisco Mejia
Fecha: 
Miércoles, Julio 27, 2016

Ideas del libro El engaño Populista

Axel Kaiser y Gloria Alvarez 

 

ANATOMIA DE LA MENTALIDAD POPULISTA

 

Desviaciones que configuran la mentalidad populista:

 

1.- Un desprecio por la libertad individual y una correspondiente idolatría por el Estado.

 

2.-  La semejanza  a nuestros populistas socialistas con populismos totalitarios.

 

3.-  El complejo de víctima, según el cual todos nuestros males han sido culpa de otros menos de nuestra propia incapacidad por desarrollar instituciones que nos permitan salir adelante.

 

4.- El “neoliberalismo”  - o cualquier cosa relacionada con el libre mercado, es el origen último de nuestra miseria.

 

5.-  La máscara democrática con la que el populismo se viste para darle legitimidad a su proyecto de concentración del poder.

 

6.- La obsesión igualitarista, que se utiliza como pretexto para incrementar el poder del Estado. Así, enriquecer al grupo político en el poder a expensas de la población,  beneficiando a los amigos del populista y abriendo las puertas a una corrupción.

 

¿Qué es realmente el “Neoliberalismo” y de dónde viene el término. En 1932, el intelectual alemán Alexander Rustow, había sido un socialista que despertó de su sueño utópico para acercarse al liberalismo intentando encontrar un camino intermedio entre capitalismo y socialismo. En tiempos en que el marxismo y el fascismo eran las ideologías dominantes, defender algo intermedio con el “neoliberalismo” dejaba al alemán como un campeón de la libertad. De modo que el concepto “neoliberalismo”, en su origen, es más cercano al mundo socialista que al mundo realmente liberal.

 

En Alemania el concepto Neoliberalismus se refiere a la idea de “economía social de mercado” que concibiera Ludwig Erhard, liberal clásico responsable del milagro alemán. En América Latina el término “neoliberalismo” se asocio a las reformas económicas realizadas en Chile bajo Pinochet. La pregunta es ¿por qué si el sistema de libertades económicas creado por los Chicago Boys hizo de Chile el país más exitoso de América Latina, deben rechazarse las ideas y reformas que estos llevaron adelante? Le guste o no a muchos académicos, políticos e intelectuales de izquierda, Chile se convirtió en una referencia para el mundo, que fueron profundizadas por los gobiernos democráticos que le siguieron. El mismo Pinochet dio pie a una transición democrática, restaurando así tanto libertades económicas como políticas.

 

El uso de la etiqueta “neoliberalismo” es así una estrategia política para desprestigiar lo que en realidad se hizo en Chile y que fue introducir un sistema de libre emprendimiento inspirado en ideas liberales clásicas que creen en la capacidad de las personas de salir adelante.

 

La Cepal de Osvaldo Sunkel, creía firmemente en el intervencionismo estatal. Ellos eran un grupo de “intelectuales de centro izquierda” que creía que el gobierno era la solución a todos los problemas. Lo curioso, es que el total y rotundo fracaso del socialismo y de los regímenes populistas no ha  desprestigiado igualmente esas ideas y a quienes las siguen promoviendo.

 

De lo que debemos hablar es del sistema de libre emprendimiento y de la dignidad de pararse sobre sus propios pies, pues solo un sistema basado en esos valores permite generar las oportunidades y espacios de libertad para las personas. Ese sistema –que suele llamarse capitalismo-  es el que realmente ha reducido la pobreza a niveles sin precedentes en la historia mundial.

 

A través de la historia las sociedades humanas han sido formadas por  unos pocos ciudadanos muy ricos y una aplastante mayoría de pobres. Todas esas sociedades tenían a la mayoría de la población al limite de la subsistencia hasta el punto que, cuando el clima no los acompañaba, una parte importante moría de inanición. Todo esto empezó a cambiar en 1760 cuando un nuevo sistema económico nacido en Inglaterra y Holanda, el capitalismo, provocó una revolución económica que cambió las cosas para siempre:  un poco más de 200 años, el capitalismo ha hecho que el trabajador medio de una economía de mercado no solo haya dejado de vivir en la frontera de la subsistencia, sino que incluso tenga acceso a placeres, que no podía alcanzar. El capitalismo no es un sistema económico perfecto. Pero cuando se trata de reducir las pobreza en el mundo, es el mejor sistema económico.

 

“La pobreza era la regla normal”. La hambruna estaba a la orden del día incluso en países como Inglaterra y Francia donde hoy es inconcebible. La posibilidad de superar toda esa miseria gracias a la economía de mercado y la libertad es lo que el nobel de economía de 2015, Angus Deaton, ha llamado “el gran escape”. Según Deaton, “los estándares de vida de hoy son mucho más altos que hace un siglo y más gente escapa de la muerte en la infancia y vive lo suficiente para experimentar esa prosperidad”.Gracias al intercambio los latinoamericanos podemos adquirir esos bienes por nuestra capacidad de producir otro bien, recibir un salario, esto es poder adquisitivo de comprar aquello que importamos.

 

El sistema de libertades económicas no son más que libertades personales de poder emprender, adquirir bienes y venderlos, trabajar, contratar, despedir, tener propiedad sin que esta sea amenazada, libertad de competencia, ausencia de privilegios arbitrarios entregados a grupos de interés, moneda estable, apertura comercial, impuestos moderados, gobierno limitado y regulaciones razonables. Todos estos son elementos de la libertad económica y el populista busca destruirlos cuando llega al poder poniéndole la etiqueta de “neoliberalismo”. Sin libertad económica no hay avance posible.

 

La riqueza no está bajo la tierra o en los campos, sino en el ingenio de las personas y buenas instituciones.

 

En los países con mayor libertad económica el ingreso de los más pobres es en promedio diez veces superior al ingreso de los pobres en los países con menor libertad económica (932 dólares versus 10.556 dólares). No es lo mismo ser pobre en Suiza que en Venezuela. De ahí que nuestros populistas en América Latina busquen destruir la libertad económica, pues saben que si logran hacerlo, segmentos importantes de la población dependientes del poder político y de las prebendas que ellos reparten, con lo cual neutralizan la posibilidad de resistencia a sus planes.

 

América Latina en el ranking de libertad económica, solo tres países de 152, que son Chile (11), Perú (22) y Uruguay (43), están entre los 50 con mayor libertad económica del mundo. Los países que han adoptado “el socialismo del siglo XXI” se encuentran entre los últimos de la lista: Bolivia en el puesto 108, Argentina en el 137 y Ecuador en el 134. Venezuela, se ubica en el lugar 152, el país con menos libertad económica.

 

Los países con más desarrollo y a la vez con mayor libertad económica, son: Hong Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Suiza, Finlandia, Canadá, Australia, Estados Unidos, Alemania, Dinamarca, entre otros.

 

Lo más absurdo es sostener que el problema de la región es que falta Estado como consecuencia del “neoliberalismo”, cuando la realidad tangible – nos dicen que nos sobra Estado y que esa es la causa de gran parte de nuestros problemas.

 

 

LA PRETENSIÓN “DEMOCRÁTICA”

 

Carlos Rangel, decía que: uno de los éxitos más lamentables del marxismo en Latinoamérica había sido erosionar el concepto formal de democracia representativa. No hay ningún líder totalitario socialista que no haya llevado a cabo su programa sin ponerle la etiqueta “democrático”. Chávez llegó al poder ganando limpiamente las elecciones de 1998 y de ahí en adelante su programa se concentró en mantener la fachada democrática que se consolido en una dictadura. Creó una nueva constitución que también sometió a referéndum que sirvió de base para liquidar los poderes del Estado, especialmente el judicial. La asamblea Nacional pasó a ser un mero buzón de Chávez, aprobando todas sus iniciativas, más tarde ya no fue necesario porque se impuso el gobierno por decretos, como en toda dictadura.

 

La diferencia entre Chávez y Bolívar es: Que no tuvo que hacer la guerra para triunfar. Es también lo que diferencia a Chávez de Fidel Castro, detrás de estos hay una historia de sangre. Es una diferencia esencial del “socialismo del siglo XXI” con “el socialismo clásico”. El primero pretende llevar su programa autoritario aprovechando los mecanismos electorales para destruir la democracia desde dentro. El segundo abogaba por la revolución violenta para derrocar el orden burgués.

 

La tradición liberal inglesa y americanano concibió la democracia de manera independiente de los derechos más fundamentales de los individuos. Al revés, la democracia debía precisamente limitar el poder de los gobernantes. La democracia era considerada un medio para proteger los derechos del individuo. Esto es lo que se conoce como “democracia liberal” y fue la que inspiró a los padres fundadores de Estados Unidos.

 

Libertad es ser libre de restricciones y de la violencia de los demás, lo que no puede haber donde no hay ley. Pero la libertad no es, “una libertad para que todos los dirigentes políticos hagan lo que quieran” … sino que la libertad de disponer y ordenar. La libertad consiste en que cada persona pueda disponer de su persona, acciones y posesiones sin ser sometidos a la voluntad arbitraria de otro. Es lo que la ley y la constitución deben garantizarnos. La democracia requiere separación de poderes del Estado para limitar el poder del gobernante y una estricta protección de la propiedad privada.

 

 

LA OBSESIÓN POR UNA “IGUALDAD MATERIAL”  

 

En América Latina, dada la influencia marxista, el discurso populista ha puesto siempre el énfasis central en la idea de igualdad material. Siempre se alega que hay un grupo que tiene demasiado y otro muy poco y por tanto debe confiscarse al que tiene más para repartir, sin distinguir sí esa riqueza fue obra de trabajo honesto o de la trampa y privilegios arbitrarios otorgados por el Estado.

 

No cabe duda, de que en nuestros países existen élites empresariales y sindicales bastante corruptos que han buscado enriquecerse mediante sus contactos con el poder político y los privilegios y contratos que así pueden obtener. Pero hay menos dudas de que cada vez que el populismo llega al poder para hacer “más iguales” a todos, lo que hace es concentrar el poder en sus manos incrementando la desigualdad y condenando a la población a mayor miseria material.  Baste considerar que Fidel Castro, el profeta de la igualdad, es según la revista Forbes uno de los políticos más ricos del mundo con un patrimonio avaluado en 900 millones de dólares. Su modo de vida es el de un capitalista sin ningún tipo de límite.

 

Otro tanto pasa con Chávez, Maduro, los Kirchner, Luiz Inácio Lula, Dilma Roussef…, envueltos en grandes escándalos de corrupción. Las izquierdas hacen de la igualdad su gran bandera de lucha mientras se llenan los bolsillos, los predicadores de la igualdad que lideran la revolución. En realidad, lo que quieren no es abolir los privilegios, sino transferirlos y asegurárselos para siempre. Entonces el régimen que vienen a instaurar es mucho más radical y crudo que el anterior porque ahora ellos deben asegurarse de que no les pase lo mismo que a quienes desbancaron.

 

Si queremos una alternativa, lo que se necesita es más libertad, ante la ley y no más igualdad material. Es evidente que utilizando esa excusa igualitarista los populistas llevan a que no se destape el cáncer de la corrupción.

 

El ranking de Transparencia Internacional, que mide el nivel de corrupción en 174 países, en 2014 Venezuela obtuvo el puesto 161, Argentina alcanzó la posición 107; Ecuador la 110; Bolivia y México la 103; Brasil la 69 y Perú la 85. Los únicos países destacados en América Latina fueron Chile y Uruguay, en el puesto 21, dos de los países con más libertad económica.

 

No es el “liberalismo” sino – el socialismo, el estatismo y el populismo– el que corrompe los países y los condena a la miseria. Lo que hay que hacer es achicar el Estado al reducirlo a sus funciones fundamentales, de modo que los incentivos de comprar a políticos y burócratas sea menor que el de dedicarse a actividades productivas.

 

 

LA HEGEMONIA CULTURAL FUNDAMENTO DEL POPULISMO

 

Gramsci presidente y fundador del partido comunista italiano escribió: la mejor forma de construir un orden socialista no era por la vía revolucionaria violenta que promovían los marxistas leninistas, sino mediante una gradual y persistente transformación de las diversas instituciones, ideas y valores de una sociedad. Gramsci creía si se cambiaban las ideas y la cultura dominantes en una sociedad, terminarían por transformarse las instituciones sobre las que descansaba el capitalismo, dando legitimidad a una nueva clase dirigente y a un nuevo sistema. Mientras para Marx era una de tipo revolucionaria armada, para Gramsci era intelectual y cultural. Según Gramsci, la revolución socialista es así, una conquista cultural que cambia nuestra forma de ver el mundo porque la cultura es “organización, disciplina del yo interior, apoderamiento de la personalidad propia, conquista de superior consciencia por la cual se llega a comprender el valor histórico que uno tiene, su función en la vida, sus derechos y deberes”.

 

 

CHILE Y ARGENTINA: LECCIONES EN LA LUCHA POR LA HEGEMONÍA CULTURAL

 

Argentina de ser un país pobre, se convirtió en uno de los más ricos del mundo, para luego volver al subdesarrollo.

 

Un artículo del The Economist  titulado La tragedia de Argentina: por casi cincuenta años antes de la Primera Guerra Mundial, día que creció a tasas promedio del 6% anual, la más alta registrada en la historia del mundo de entonces. Millones de europeos abandonaban sus países para llegar a Argentina, en 1914. La mitad de los habitantes de Buenos Aires eran extranjeros.

 

Argentina estaba entre los diez países más ricos del mundo, superando a Francia, Alemania e Italia. Su ingreso per cápita era de un 92% del promedio de los 16 países más ricos del mundo. Brasil tenía un ingreso per cápita de un cuarto del argentino. Esto con base en exportaciones de bienes primarios. Entre 1900 y 1914 la producción industrial  se triplicó alcanzando un nivel similar al de Alemania y Japón. De 1895 a 1914, se duplicó el número de empresas industriales, se multiplicó por tres el trabajo en ese sector y se quintuplicó la inversión en el mismo. Si en 1869, un 12% de la población económicamente activa pertenecía a los sectores medios en 1914 alcanzaba el 40%.

Cien años después, en 2015 Macri ha llegado al gobierno con una de las inflaciones más altas del mundo, niveles de corrupción récord, un ingreso promedio del 43% de los 16 países más ricos, inseguridad galopante, pobreza de un 30% e inestabilidad política. Además ha sido expulsado de los mercados de capitales. Argentina hoy apenas tiene un tercio del nivel de riqueza de Australia. Cabe preguntarse qué ideas estuvieron detrás de su éxito anterior.No fueron otras que el liberalismo clásico – mal llamado “neoliberalismo” – que tanto detestan los populistas.

 

En 1810 el país cayó en un caos que terminó con la dictadura de Juan Manuel de Rosas, derrocado en 1852. Tras su salida, una nueva constitución creada por Juan Bautista Alberdi, un admirador de los fundadores de Estados Unidos, especialmente de Jefferson, tomó la constitución de ese país para elaborar la de Argentina, en base a un orden institucional liberal y fue la de mayor prosperidad económica. Pero más interesante es el contraste que hace Alberdi entre la filosofía que inspiró a Estados Unidos y la ideología en América Latina. Al comprender que “los pueblos del Norte no han debido su grandeza al poder de sus Gobiernos, sino al poder de sus individuos” y fue así como Alberdi advirtió, casi proféticamente, cual sería el destino de Argentina y de América Latina si se dejaba engañar por la religión estatista.

 

Lo que le ocurrió a Argentina: abandonó las instituciones liberales para abrazar instituciones populistas, socialistas y estatistas que terminaron por arruinarla, no solo económica sino también moralmente. Luego de la Gran Depresión de los treinta cerró su economía e incrementó dramáticamente el intervencionismo estatal. La elección de Perón, un fascista, terminaría por restringir el comercio, el gasto público se incrementó dramáticamente llevando a un aumento explosivo de la deuda, el Estado comenzó a repartir privilegios y beneficios de todo tipo a grupos de interés. Nacionalizaciones se llevaron a cabo, siendo la más famosa la de los ferrocarriles. La inflación se disparó pasando a un 23,2% en 1949. En suma, Perón introdujo el cáncer populista del cual Argentina jamás se ha recuperado. Nada cambió hasta la era de los Kirchner.

 

Chile, un país que parecía haber logrado escapar de la lógica populista latinoamericana se vio inmerso en el mismo tipo de políticas y discursos ideológicos que su vecino. El Chile de hoy, como la Argentina, llegó a ser el país más rico y avanzado de América Latina. Esta tradición se inició por la influencia del gran economista liberal francés Jean Gustave Courcelle-Seneuil, quien fue contratado en 1855 por el presidente Manuel Montt para asesorar al Gobierno y fundar la disciplina de economía en la Universidad de Chile. El francés era “el máximo pontífice de la escuela clásica”. Esta función de guardián máximo del liberalismo la cumplió, en el cual “no aceptaba la más mínima desviación de la escuela liberal”. Bajo la influencia de este economista, Chile privatizó minas, abrió el comercio internacional y creó un sistema de banca libre.

 

Todo llegaría a su fin, luego de la Gran Depresión de los años treinta, que permitió que doctrinas socialistas, colectivistas y nacionalistas que ya venían tomaran fuerza desplazando al liberalismo y llevando al consecuente reemplazo de las instituciones liberales.

 

El resultado como Argentina, fue un fracaso completo. A diferencia de Argentina, Chile realizó una revolución en las décadas del 70, 80 y 90 que lo hizo regresar a sus orígenes liberales, convirtiéndose en el país más rico, próspero y con la democracia más sólida de América Latina.

 

Los países maduros son aquellos que no siempre parten de cero. Tenemos que reconocer que en el gobierno anterior se habían creado los fundamentos de una economía de mercado más moderna y desde ahí partimos. Laissez-faire no significa… impunidad, ni libertad de atentar contra la vida o la propiedad ajenas. Significa: Gobiernos exclusivamente contraídos a velar porque nadie atente contra el derecho ajeno, a mantener la paz, la seguridad, el orden en el interior y en las fronteras, a administrar los bienes de la nación y a recaudar los impuestos que el Estado demande. Significa dejar hacer, hombres dueños de hacer su negocio, según su voluntad y sin otra valla que la que separe su derecho del derecho ajeno. ¿Qué paso? Vargas Llosa advirtió a Bachelet en 2015 que no cayera en “tentaciones chavistas”. Sin embargo la hegemonía cultural e intelectual de la izquierda chilena logró construir pacientemente, con el propósito de destruir la credibilidad y legitimidad del sistema de libre empresa, en un marco teórico para terminar con lo que los autores llamaban “régimen neoliberal”. La propuesta era de corte socialista que proponían un nuevo camino estatista para Chile. La expresidenta escribió: … Con mi gobierno se terminó de romper el tabú del Estado de bienestar, tan demonizado en la dogmática neoliberal … esa es la base que se viene para adelante.

 

La hegemonía ideológica ha cambiado ahora a un Estado intervencionista y redistribuidor. Así se produjo un cambio al sistema tributario con impuestos más altos que Suecia y que destruyó los incentivos al ahorro. También una reforma educacional que volvió a entregar el control de buena parte de la educación. Se instaló la idea de una asamblea constituyente. Se promovió una reforma laboral para empoderar a los sindicatos y hacerlos en la práctica controladores de las empresas. Se analizaron propuestas para reestatizar el sistema de pensiones y se plantearon medidas para la confiscación de la cotización privada a la salud. Las consecuencias de este nuevo populismo socialista son devastadoras. Llevando en un año al país estrella de América Latina a tener los peores resultados económicos en treinta años. El profesor de Harvard Niall Ferguson llegó a sostener que Chile había sido muy inteligente pero que podía estar ejerciendo su “derecho a ser estúpido”.

 

Paralelamente la inversión se desplomaba, el crecimiento económico caía a la mitad, la deuda subía, la inflación superaba lo tolerado. Lamentablemente Bachelet, no echó marcha atrás.

 

 

LA ESTRATEGIA HEGEMÓNICA DEL FORO DE SAO PAULO

 

El Foro de Sao Paulo auspiciado por el Partido de los Trabajadores de Brasil en 1990 reunió 48 partidos políticos y organizaciones de izquierda de 14 países de la región. El objetivo era revivir el comunismo en América Latina. El Foro continuó realizándose año tras año y el socialismo ha vuelto a convertirse en moda en América Latina y que en ese sentido la hoja de ruta que trazó el Foro ha resultado un éxito para los movimientos de izquierda latinoamericanos

En la década siguiente.

  

 

CÓMO RESCATAR NUESTRAS REPÚBLICAS

 

El profesor de Oxford J.H.Elliott, sostuvo que el descubrimiento de grandes riquezas minerales y de una extendida población indígena en Hispanoamérica facilitó el surgimiento de élites que acumulaban riqueza simplemente utilizando nativos para extraerla. En cambio, “la falta de plata y trabajo indígena en las primeras colonias británicas forzó un sistema desarrollista en lugar de una esencialmente explotador. Esta, a su vez, dio peso a las características y  cualidades de autosuficiencia, trabajo duro y emprendimiento. De este modo, la cultura anglosajona, que confiaba en el individuo y en el rule of law, dio origen a auténticas repúblicas basadas en la libertad y la ley, mientras la tradición francesa que llegó a Latinoamérica dio paso a todo lo contrario: al caudillismo revolucionario.

 

La diferencia fundamental entre la tradición de la Revolución francesa y la inglesa es que los franceses y sus filósofos racionalistas creían que era posible construir un orden nuevo, destruyendo las instituciones que habían evolucionado por siglos.

 

En otras palabras, mientras la Revolución francesa buscó incrementar el poder del Estado en perjuicio de la libertad individual, la americana buscó limitar el poder de los gobernantes para garantizar la libertad de los ciudadanos.

 

Jefferson, sostuvo que “el gobierno es mejor cuanto menos gobierna”, y aún estaba recogiendo la esencia de ese espíritu individualista del cual depende la fortaleza americana.

 

El premio nobel de economía Douglass North define el éxito de las naciones son sus instituciones formales e informales. Las formales son aquellas creadas por el hombre como la constitución, las leyes, mientras las informales son las creencias, tradiciones, hábitos y valores de una sociedad. North explicó que las informales son más importantes porque reflejan la realidad estructural de una sociedad. Dice que se pueden copiar todas las leyes de un país desarrollado en uno subdesarrollado y eso no va a mejorar necesariamente al país pobre. La razón es que la cultura puede ser completamente contraria a las instituciones importadas. Por ejemplo, los americanos han fracasado totalmente en construir una democracia en Afganistán.

 

Existen diversos casos de éxito. El más emblemático es el de Inglaterra. A mediados de los años cuarenta, un adinerado empresario llamado Anthony Fisher leyó una versión sintetizada del libro Camino de servidumbre  del entonces profesor de la London School of  Economics Friedrich von Hayek. Hayek advertía sobre los riesgos del avance de la economía planificada en Inglaterra y advertía las pérdidas de las libertades económicas que proponía el socialismo llevarían necesariamente a la destrucción de todas las libertades. Impactado por el mensaje, Hayek le dijo que no perdiera su tiempo porque los políticos no eran líderes sino seguidores de las ideas que estaban de moda. Si quería cambiar cosas, debía financiar a los intelectuales para que sus ideas se hicieran populares.

 

Fue así como Fisher resolvió fundar el Institute of Economic Affairs (IEA) think tank, aún  hoy activo, de alto nivel académico, se dedico a influir en el clima de opinión intelectual de Inglaterra, entonces dominado por corrientes socialistas y colectivistas. El IEA desarrolló una política sistemática de acercarse a periodistas para explicar sus ideas e investigaciones, participando activamente en el debate público. La influencia que tuvo fue tan gigantesca que Margaret Thatcher debió su elección en buena medida, a la labor del instituto cuyo trabajo había conseguido cambiar las ideas dominantes en la sociedad e intelectualidad británica.

 

Pero Fisher no solo fundó el IEA, sino que muchos otros think tanks. Fue probablemente el empresario más influyente del siglo XX. Por la red de intelectuales que creó para cambiar el clima de opinión en el mundo.

 

John Stuart Mill sostuvo que “una persona con una creencia es un poder social igual a noventa y nueve que sólo tienen intereses”.

 

Para lograr el objetivo es necesario tomar posiciones en universidades, escuelas, medios de comunicación, escribir textos de difusión y académicos, entrar a la televisión, entrar a las iglesias y mucho más. Las ideas deben estar presentes en la cultura, en las teleseries, en la música, en el arte y en las películas. Debe ser de manera honesta, inteligente, atractiva, optimista y mostrando sin temor la verdad respecto a lo que son los populistas. Debemos convencer a empresarios de buena voluntad, a invertir en think tanks  y en esfuerzos intelectuales para difundir y promover estas ideas y hacerlas masivas. Esto es esencial, pues sin inversión sostenida y bien orientada es poco lo que se puede hacer para cambiar las cosas.

 

En América Latina, no son muchos los empresarios que creen en la libertad y tienen el coraje, la generosidad y claridad mental para promover e invertir en iniciativas que contribuyan a consolidar repúblicas auténticas. Muchos empresarios, en América Latina, se han acomodado siempre a los políticos populistas y corruptos de turno, esperando beneficiarse. Esto les ha salido caro. No solo porque se convierten en víctimas de países en que la violencia se desata y viven aterrados de que los secuestren a ellos o a sus hijos, sino porque cuando se radicalizan los proyectos populistas, como tienden a hacerlo en Latinoamérica, expropian y confiscan empresas y recursos de quiénes en su servilismo con el gobierno de turno creían estar seguros.

 

Según Friedman, por cada un dólar que la comunidad empresarial de EE.UU. destinaba a apoyar a grupos partidarios de libre mercado, tres dólares eran destinados por esta a financiar grupos de izquierda interesados en destruirlo. Si un estudio similar se hiciera en América Latina los resultados arrojarían cifras aún más alarmantes. No son pocos los empresarios en nuestra región que financian ONG, intelectuales, think tanks, académicos, políticos y todo tipo de grupos cuyo trabajo consiste en minar los pilares de nuestra libertad y prosperidad. Quizá lo hacen para protegerse u obtener favores o acaso por ignorancia. La fuerzas que ponen en marcha estos empresarios suelen definir el clima de opinión intelectual a favor del estatismo y el populismo.

 

El triunfo de la libertad siempre ha sido obra de minorías. Y, como en todas las cosas, también entre empresarios existen minorías convencidas moviendo las ideas en la dirección correcta. Diversos thik tanks existen en América Latina y España que cuentan con el apoyo de profesionales y gente de empresa comprometida. Argentina cuenta con algunas instituciones notables como Libertad y Progreso, Fundación Libertad, Fundación Atlas Federalismo y Libertad y el Instituto Acton, entre muchos otros.

 

En Chile, la Fundación para el Progreso, la Fundación Jaime Guzmán, Libertad y Desarrollo, Fundación Libertad, Avanza Chile, Horizontal, entre otras.

 

México tiene un ejemplo notable en Caminos de la Libertad con el apoyo del Grupo Salinas. El Instituto IPEA de los hermanos Claudia y Armando Regil. En España, el Instituto Juan de Mariana, liderado por el brillante economista Juan Ramón Rallo. En Venezuela Cedice. Bolivia y Ecuador la Fundación Nueva Democracia y el Instituto de Economía Política liderado por Dora de Ampuero. República Dominicana, cuenta con Crees. En Guatemala, el Movimiento Cívico Nacional, Universidad Francisco Marroquín (UFM), fundada por el empresario Manuel Ayau.

  

  

EPÍLOGO

 

 

Simón Bolívar dijo alguna vez que hemos vivido dominados por el engaño y tenía razón.En América Latina se nos ha contado una historia llena de mentiras y falacias con el fin de hacer aceptables proyectos políticos e ideológicos que buscan concentrar el poder en unas pocas manos y enriquecer a diversos grupos de interés de manera corrupta.

 

Todos ellos deliberadamente han promovido un gran engaño que es el de prometer bienestar para todos con ideas y proyectos políticos cuyo resultado no puede ser otro que la destrucción de las posibilidades del progreso y las libertades de los ciudadanos a quienes gobiernan o pretenden gobernar.

 

Todos los populistas tienen en común un desprecio profundo por la libertad personal y la dignidad humana, a pesar de que su creencia en la igualdad es revestida siempre de humanismo. Pero la verdad es su idolatría por el Estado es incompatible con el aprecio del individuo en cuanto agente digno, capaz de diseñar su plan de vida y perseguir sus fines responsablemente. Y sus propuestas son delirios ideológicos cuyos costos transfieren a terceros, mientras ellos viven rodeados de lujos y fuera del alcance de la miseria que fabrican para otros.

 

Es imprescindible cambiar el sentido común prevaleciente entre las élites y la población para hacer de las ideas liberal-republicanas un patrimonio cultural común. Si ese trabajo no se realiza volveremos a caer en el engaño populista.

    

            

Julio/16

F.M.V

Publicación de Ariel – Editorial Grupo Planeta

Impresión del libro mayo de 2016