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Seguridad democrática

Nosotros defendimos la seguridad como un valor democrático en sí mismo, como requisito cardinal para la vigencia real de las libertades y derechos, como una fuente de recursos y como un derecho humano al que todos los ciudadanos deben tener acceso en igualdad de condiciones. 
 
La esencia de la Seguridad Democrática
 
¿Por qué defendimos la seguridad con valores democráticos? En Colombia era bastante difícil que aceptaran una propuesta política de seguridad. Las pocas ocasiones en las cuales en la agitación política se había propuesto el tema, había ganado poca aceptación comunitaria y se le señalaba como una postura ideológica derechista, militarista, fascista; se le desestimaba y descalificaba.
 
Nosotros habíamos llegado a confundir la civilidad con la debilidad. Creíamos que la seguridad era un elemento consecuencia y no un elemento causa; creíamos que aparecería espontáneamente y que no tenía que ser incorporada como una agenda prioritaria de Estado y de Gobierno.
 
Teníamos, también, el fantasma de la doctrina de la Seguridad Nacional, que había recorrido América Latina y que había dejado malos recuerdos, porque era para perseguir disidentes, para cimentar gobiernos autocráticos, para suprimir el disenso, para eliminar el pluralismo, para censurar la prensa y anular las libertades. Lo que llevó a los estudiosos del tema a confundir las propuestas de seguridad con los caminos a la dictadura.
 
¿Seguridad para quién?
 
Nosotros buscamos que nuestro concepto de seguridad fuera democrático por el universo al que se le destinó, por la manera como se adelantó y por los procedimientos con que se ejecutó. 
 
El nuestro, fue un proyecto de seguridad para proteger por igual, a los empresarios masivamente afectados por el secuestro, a los líderes de los trabajadores contra quienes había un propósito sistemático de exterminio.
 
Para proteger a los amigos de las tesis políticas del Gobierno y a sus más duros opositores. Una seguridad para todos los colombianos que fomentó la libertad y promovió la diversidad, para fertilizar la expresión de ideas políticas.
 
Instituimos un gobierno con equilibrio democrático, que adelantó la política de seguridad sin afectar la inversión social; un gobierno con un enfoque comprensivo, que mejoró el imperio de la ley, el bienestar cotidiano de la población y las oportunidades de progreso económico. 
 
Nosotros sabemos que la sostenibilidad de nuestra política de seguridad estuvo dada por el respaldo de la opinión pública que exigía eficacia y transparencia, es decir, resultados con acato a la Constitución, respeto irrestricto las leyes y observancia de los derechos humanos. Cuando hay golpes de eficacia, la ciudadanía recupera tranquilidad; cuando se dan diarias manifestaciones de transparencia, la ciudadanía afianza su confianza en las Fuerzas Armadas, y cuando se cumple con los Derechos Humanos se gana la autoridad moral para seguir avanzando en eficacia. 
 
La Seguridad Democrática fue seguridad con un país abierto a la vigilancia internacional. Muchos países que buscaban seguridad desde las dictaduras, en aras de la seguridad trataron de justificar su cierre para impedir la vigilancia internacional. Colombia ha enfrentado el desafío terrorista más grande y más rico por el narcotráfico, estando permanentemente abiertos a la vigilancia y a la crítica internacional. Eso honra nuestro proceso de seguridad. 
 
Entendimos además que nuestras naciones no debían enfrascarse en una discusión entre derecha e izquierda, que es polarizante, que ha perdido el sentido después de que todos los países adoptaron la regla democrática, que en la práctica hoy muestra pocas diferencias; una división en alguna forma obsoleta, que tenía razón de ser cuando se combatía a las dictaduras que imperaban en algunos países de América Latina.
 
Nuestros países, creíamos, deberían luchar por una democracia moderna, que afiance la seguridad, las libertades, la cohesión social, la independencia de las diferentes instituciones que conforman el Estado para que opere el sistema de controles, y la transparencia, como factor de confianza de cada individuo en el conglomerado, y de cada individuo y del grupo social en las instituciones del Estado. 
 
Terroristas
 
¿Por qué nosotros denominamos a las guerrillas colombianas terroristas? Porque mientras América Latina conoció procesos de insurgencia contra dictaduras, nosotros hemos tenido unos grupos armados contra una democracia; mientras organizaciones insurgentes de otras latitudes se financiaban con donaciones, la guerrilla colombiana se ha financiado con narcotráfico, extorsiones y secuestros; mientras las otras tenían algún sometimiento a la opinión pública internacional, la guerrilla en Colombia se ha burlado de la opinión internacional o la ha utilizado como idiota útil, porque consideran que no la ha necesitado; mientras las otras luchaban por libertades democráticas, la guerrilla colombiana ha atacado las libertades democráticas, ha obstruido la democracia, ha producido los más execrables crímenes. Todo eso nos llevó a señalarlos de terroristas. 
 
Adicionalmente, mientras la guerra tiene algún factor de legitimación: étnico, limítrofe, religioso o disputa histórica; aquí lo que hay es un accionar violento de grupos armados, enriquecidos por el narcotráfico, contra unas instituciones democráticas. 
 
En Europa Occidental hay un punto transversal y común de las legislaciones; denominan terrorismo la acción armada o la simple amenaza de uso de las armas por razones ideológicas, religiosas, políticas. Cuando se les pregunta a los profesores europeos por qué ese exceso de rigor, contestan: Porque es la manera de proteger unas democracias pluralistas, amplias. 
 
Yo me pregunto: ¿No tiene Colombia el mismo merecimiento? Esta democracia nuestra, este Estado de libertades merece lo mismo, calificar con la mayor gravedad la acción violenta o la amenaza de la acción violenta contra esta institucionalidad democrática.
 
La seguridad no es un fin
 
Nosotros expresamos que la Seguridad Democrática no era un fin en sí mismo, sino un medio para que las nuevas generaciones de colombianos vivieran en paz. 
 
Nuestro proyecto de seguridad no se excluyó con la reconciliación. Al contrario, la hizo viable. No de otra manera se explica la  desmovilización de más de 50 mil integrantes de los grupos terroristas, alrededor de 35 mil de las autodefensas ilegales y alrededor de 15 mil de las guerrillas. 
 
Colombia tiene que derrotar el terrorismo y estabilizar la seguridad. Para ello estuvimos dispuestos a agotar todas las vías necesarias: la vía de la derrota militar, la vía de la negociación. A lo único que no estuvimos dispuestos, fue a permitir que el terrorismo hiciera de las suyas en nuestro país.
 
Luchamos para desabastecer a los terroristas, eliminando la droga, acabando el secuestro, expropiándoles los bienes. Aislamos a los terroristas, capturando a los cabecillas, desmontando sus redes de apoyo y asumiendo el control en todo el territorio. Consolidamos la confianza ciudadana en la fuerza pública, basados, como ya lo señalé, en la eficacia y la transparencia, es decir en los resultados con acatamiento a la ley, respeto a la Constitución y a los derechos humanos. Solo, el Estado no puede; la tarea de derrotar el terrorismo y de aclimatar permanentemente la seguridad, se da con la cooperación de la ciudadanía y con el
compromiso internacional.
 
El terrorismo no tiene límites éticos ni fronterizos. Su desdén por el Estado es total, entonces le da lo mismo atentar hoy contra el Estado democrático de Colombia y mañana contra el Estado democrático de cualquier otro país; por eso la lucha contra este flagelo tiene que ser un compromiso de todas las horas y de todas las naciones del mundo. Por eso, reiteramos nuestro llamado para pasar del apoyo protocolario al apoyo práctico y eficaz.
 
El reto de las democracias del mundo hoy, es la derrota del enemigo de la sociedad que es el terrorismo y la criminalidad organizada, cualquiera sea su ropaje ideológico. Colombia así lo ha entendido y por eso hizo de la seguridad una prioridad de la vida nacional, entendiendo que lo que hace perdurable una política es la paciencia y la persistencia. Los éxitos no son sinónimos de victoria; se requiere una lucha de todas las horas y por muchos años.